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Foto: Diana Guadalupe García Ramírez

¿Qué está pasando con las diferencias de género en nuestro país?

Los resultados de México en la medición de la desigualdad de género

Dra. Ofelia Poblano Verástegui. Titular de Auditoría para el Desarrollo y Mejora de la Gestión, Órgano Interno de Control en SECTUR.

Hace aproximadamente un mes, el 27 de octubre, se dio a conocer en Nueva York la cuarta edición del Índice Global de Diferencias de Género del Foro Económico Mundial. El marco conceptual que lo sustenta evalúa la magnitud y amplitud de las disparidades de género así como el seguimiento de su progreso, proveyendo un benchmarking del tema para los 134 países de la OCDE.

La construcción del índice se enfoca en: a) medir la brecha entre géneros más que el nivel de desarrollo alcanzado por cada uno de ellos, b) los impactos alcanzados más que las oportunidades, y c) la igualdad de género más que el empoderamiento de la mujer. Las categorías fundamentales son cuatro: participación y oportunidad en la economía, incluyendo remuneración y desempleo; logros en educación, empoderamiento político, a través de las posiciones ocupadas en la toma de decisión a nivel de ministerios y cámaras de representantes; y por último salud y esperanza de vida sana.

Los resultados de 2009 muestran que los países nórdicos Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia tienen la brecha de género más estrecha, y a Nueva Zelandia en el quinto lugar. De América, antes de la posición 35 se encuentran Ecuador (23), Argentina (24), Canadá (25), Costa Rica (27), Cuba (29) y Estados Unidos (31); mientras qué México ocupa la posición 99, únicamente arriba de Guatemala (111).
Algunos de estos países han avanzado notablemente en la reducción de la brecha entre géneros, como Ecuador, que pasó de la posición 82 en 2006 a la 23, o Argentina de la 41 a la 24, otros cambian cinco o seis lugares a favor o en contra. Sin embargo, México pierde 24 posiciones, del lugar 75 al 99. Desglosando el índice, lugar 114 en participación y oportunidad en la economía, 90 en educación, está en el bloque calificado como 1 en salud y finalmente, el 65 en empoderamiento político. El reporte explica que México perdió lugares por su falla en mejorar el número de mujeres en posiciones ministeriales, que pasó de 16 a 14%. Si aparentemente México se mantiene igual en tres de los factores y sólo en uno falla notablemente, ¿porqué hay una pérdida de posiciones tan notable? Al parecer otros países están mejorando con rapidez en cada uno de los factores evaluados, lo que les permite avanzar posiciones, mientras que nuestro país permanece sin cambios y si los hay son en detrimento de lo logrado previamente. Para intentar avanzar en dicha discusión, creo necesaria una revisión conceptual.

Género, la perspectiva

Es la forma de entender el mundo cuestionando los estereotipos tradicionales. La igualdad entre hombres y mujeres en un mundo caracterizado por relaciones asimétricas de poder, plantea la necesidad de reconocer las desigualdades sociales originadas en las diferencias sexuales, por ejemplo en el acceso y control de recursos, bienes y servicios de la sociedad. La desigualdad social con base en el género, está atravesada por otro tipo de condiciones como la clase social, posición económica, etnia, edad, historia cultural, que en su conjunto configuran diversas formas y expresiones de desigualdad.

México ha signado todas las convenciones internacionales en pro de los derechos de las mujeres desde la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación hacia la Mujer, que entró en vigor en 1981. La Convención reconoce derechos específicos a las mujeres a no ser discriminadas, en ella se establecen medidas temporales de acción positiva para acelerar el cumplimiento de su objetivo, y enfatiza la obligación de los estados de modificar los patrones sociales y culturales que perpetúan las ideas de inferioridad o superioridad mediante roles estereotipados de hombres y mujeres.

El paradigma de los Derechos Humanos reconoce que los derechos civiles y políticos de las personas se sitúan en la esfera pública, por lo tanto las violaciones de estos derechos en la esfera privada no se consideran como tales. Desde la perspectiva de género, la crítica precisamente apunta a "des-naturalizar" las funciones de hombres y mujeres originadas en sus características biológicas. No existen actividades, tareas, trabajos, espacios "naturalmente" masculinos y femeninos. La dicotomía público/privado es el justificativo para mantener y reforzar ámbitos absolutamente diferenciados de acción,  participación y valoración de hombres y mujeres, que ahondan las brechas de género en trabajo y empleo, ingresos, educación, salud y participación política. Las relaciones inequitativas entre hombres y mujeres que restringen las oportunidades de las mujeres para su pleno desarrollo personal, autonomía e independencia económica, son también una forma de violación a los Derechos Humanos.

México, la realidad

En los últimos años a pesar del discurso de igualdad de género y de la formalización de políticas a favor de la igualdad de género, a través de dependencias como el Instituto Nacional de las Mujeres1, se han aprobado en el país reformas legislativas que “pudieran constituirse en violencia estructural contra los derechos de las mujeres”, tal como lo señaló recientemente Alberto Brunori, representante en México de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Estas reformas atentan contra el ejercicio pleno de los derechos reproductivos de las mujeres, tal como lo evidenciamos cotidianamente en los cambios legislativos estatales que no solo impiden el acceso efectivo al aborto seguro, sino que lo castigan, olvidando la necesidad de ser respetuoso y congruente con los compromisos internacionales adquiridos por el Estado mexicano.

Desde 1993, han muerto 480 mujeres en Ciudad Juárez y jamás ha habido una sentencia condenatoria, actualmente se reconoce que sólo es la punta del iceberg. La violencia de género es la forma más frecuente de violación de los derechos humanos de las mujeres. En la celebración del Día Internacional de Violencia contra la Mujer dan vergüenza, el INEGI dio a conocer algunos datos, entre ellos:

  • De las mujeres de 15 años y más, 67% ha vivido incidentes de violencia por parte de su pareja o de su familia, en la comunidad, trabajo o escuela.
  • La violencia más frecuente contra las mujeres es la de pareja: 43.2% de las mujeres de 15 años y más señalan haber sufrido violencia durante su última relación.
  • De las mujeres de 15 años y más, 40% han sido objeto de violencia en los espacios comunitarios o sociales a lo largo de su vida.
  • De las mujeres que trabajan en fábricas, talleres o maquila, 45.4% sufren violencia laboral.


En el escenario económico, durante los primeros nueve meses del año, la tasa de desempleo había afectado mucho más a las mujeres que a los hombres, llegando en septiembre a 7.07% y 6.04% respectivamente, y no fue hasta octubre que el desempleo bajó para las mujeres a 5.79%, y para los hombres a 6%. Lo que permitió afirmar que en gran parte el abatimiento del desempleo nacional se debió en octubre a la ocupación de las mujeres.

En lo político, aun existiendo una “cuota de género” en el Poder Legislativo, el país ha observado cómo el fenómeno de las “juanitas” hizo evidente, hace apenas un mes y coincidiendo con la publicación del índice discutido, la simulación de la participación de las mujeres en la cámara de diputados. Hecho lamentable y al menos en este caso, promovido y aceptado totalmente por las mujeres.

Con estos escasos datos, es factible comprender los resultados de México en la medición de la desigualdad de género. La igualdad de hombres y mujeres ante la ley, hasta este momento sólo se ha reducido a creer que con otorgarle a las mujeres los mismos derechos que ya gozan los hombres y darle una protección especial en ciertos casos, por su función reproductora, se ha cumplido con el principio de igualdad proclamado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, esta forma de entender la igualdad al tener como referencia al hombre, ha hecho que el concepto de igualdad jurídica presuponga semejanza o diferencia de las mujeres con respecto al hombre. No se trata de "igualar" a las mujeres con los hombres, ya que el hombre no es el parámetro de la humanidad. No basta con establecer la igualdad jurídico-formal entre dos seres que de hecho están en condición de desigualdad. La división del trabajo entre hombres y mujeres en la familia y las consecuencias de ésta en el ciclo de vida marcan los obstáculos a las acciones igualitarias. La igualdad es más bien una aspiración que una realidad.

Por último, evidenciando la incongruencia del discurso del gobierno, retomo el mensaje que se escuchó en el Día Internacional de Violencia contra la Mujer:

"La igualdad de género es un factor vital para que los países consigan la prosperidad económica y sean competitivos. Les aseguro que ningún país puede prosperar si deja atrás a la mitad de su población", Melanne Verveer, embajadora de Estados Unidos para Asuntos Globales de Mujeres.

Así, mientras otros países avanzan, nosotros seguimos con letra muerta…

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  • 1 Ha generado leyes, que por ausencia de reglamentos no son operativas aún: Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, promulgada en 2006; Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida libre de Violencia, promulgada en 2007 y reformada en 2009.
 

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